En las últimas semanas, en nuestro jardín de infancia nos embarcamos en una aventura pirata junto a nuestras alumnas en prácticas Sarah, Pia y Katharina. Una y otra vez aparecía un mensaje en una botella del capitán Teidebart, que guiaba al alumnado paso a paso a través de nuestro proyecto pirata. Estas cartas despertaban siempre gran emoción y convirtieron al grupo en una auténtica tripulación pirata.
Para comenzar, Teidebart nos entregó una receta secreta para cultivar cristales. Juntos montamos un pequeño “laboratorio pirata” y pusimos en marcha el proceso. No solo la curiosidad y la experimentación fueron protagonistas, sino también la paciencia: durante tres semanas observamos los cambios y cómo el “tesoro” iba creciendo poco a poco. Como complemento, los niños elaboraron sus propios sombreros de pirata, identificándose así con su papel dentro de la tripulación.
En la segunda semana nos adentramos en el mundo submarino. Hablamos sobre diferentes animales marinos, sus características y movimientos, ampliando de forma lúdica el vocabulario relacionado con el mar. Como actividad creativa final, el alumnado realizó una medusa que pudieron llevarse a casa.
El proyecto culminó en la última semana con una gran prueba pirata en el gimnasio. Con mucha alegría, valentía y destreza, los niños y las niñas superaron los retos: equilibrándose, saltando y lanzando “bolas de cañón” con precisión. Después llegó un momento especial: cada niño y cada niña recibió su propio cristal como tesoro. Así finalizó el proyecto, dejando un recuerdo significativo de todo lo vivido, explorado y creado juntos.

